Cementerio de Yuncos

ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LOS CEMENTERIOS

Entrada del cementerio de Yuncos " LA EXISTENCIA DE NECRÓPOLIS SE REMONTA A LA DEL PROPIO HOMBRE. LA NECESIDAD DE ENTERRAR A LOS FAMILIARES FALLECIDOS LLEVÓ A LA BÚSQUEDA DE LUGARES IDÓNEOS PARA ELLO, SIENDO TAN DISTINTOS COMO CIVILIZACIONES, CULTURAS Y RELIGIONES HAN EXISTIDO A LOS LARGO DE LA HISTORIA "

Desde los primeros tiempos del Cristianismo, los cementerios fueron considerados lugares sagrados, siendo consagrados según el Ritual Romanoi del mismo modo que se hacía para consagrar las iglesias. También la sociedada civil reguló desde muy antiguo la forma de los enterramientos, como así recoge en Las Leyes del Fuero Juzgo y las Partidas, de la Edad Media.

Durante siglos los enterramientos se efectuaron en el interior de las poblaciones, concretamente en las iglesias, conventos, capillas, ermitas o cualquier edificio religioso, bien entre sus muros o inmediato a ellos.

La existencia de epidemias fue el motivo de la aprobación de la Real Cédula de 3 de abril de 1787 por la que Carlos III estableció la obligación de construir los cementerios fuera de las poblaciones en sitios ventilados y distantes de las casas de los vecinos, aprovechando las ermitas existentes como capillas. De su construcción se encargarían los párrocos de los pueblos, con acuerdo del corregidor municipal, costeándose las obras con los caudales de la iglesia, y lo que faltare prorrateado entre los partícipes en diezmos, ayudando los caudales públicos con la mitad o la tercera parte del gasto total y con los terrenos en los que se debía construir, si eran concejiles o de propios.

Con motivo de la epidemia de tercianas y de fiebre amarilla que diezmó la Castilla interior y el litoral mediterráneo, se aprobó una Real Orden Circular de 26 de abril de 1804 que pretendió activar la construcción de cementerios para evitar los perjuicios ocasionados a la salud pública por los enterramientos en las iglesias, acelerando la tramitación de los expedientes en el Consejo de Castilla. Los Alcaldes, con acuerdo de los Párrocos, promoverían su construcción. En la elección de los terrenos se requería un informe del médico y un plano levantado por un maestro de obras, así como un cálculo del gasto que supondría su construcción. Ya para entonces se señala la posibilidad de construir recintos separados para enterrar los párvulos dentro de los cementerios y de permitir sepulturas de " distinción ".

El resultado de esta medida fue parcial, y pasada la epidemia perdió validez volviendo a los enterramientos en las iglesias y aledaños.

Es en 1813 cuando se encomienda a los ayuntamientos el cuidar que en cada pueblo hubiera un cementerio convenientemente situado y a las afueras. Pero en una Real Orden de 22 de Noviembre de 1828 se reconocía que a pesar de lo prevenido eran muchos los pueblos que aún carecían de cementerios, achacándolo al abandono con que muchos Alcaldes habían procedido en esta materia, y los pretextos de falta de fondos parroqiales para costear las obras.

De nuevo, en 1833, una Real Orden obliga a los alcaldes a velar por que los enterramientos no se efectuaran en las iglesias en aquellas poblaciones que tuvieran cementerios constrtuidos, y allí donde no existieran que cuidaran de que se construyeran a costa de los fondos de las iglesias. Se podrían utilizar los fondos de propios cuando las iglesias no pudieran soportar los costos.

La construcción de cementerio en Madrid se comenzó en 1850, subsistiendo Campos Santos públicos, finaciados principalemnte por las parroquias, con cementerios privados o particulares, pertenecientes a cofradías en su mayor parte.

El proceso de construcción de cementerios fue lento. En 1857 se reconocía que existían todavía 2.655 pueblos que carecían de cementerio, de ahí que se pretendiera que al menos se construyera un cercado fuera de cada población, en donde no existiese Campo Santo.

Es en 1866 cuando, por primera vez, se obliga a todos los Ayuntamientos a construir los cementerios empleando sus propios recursos, pidiendo financiar las obras con el presupuesto municipal, con contribuciones dinerarias o prestaciones personales de los vecinos. En estos casos estaban obligados a remitir cada 5 años balance de ingresos y gastos del cementerio al Gobierno superior, para que las tarifas se ajustaran a los intereses del vecindario. En los casos de cementerios construidos con fondos parroquiales, los derechos de enterramiento y los de apertura de sepulturas eran percibidos por los curas párrocos.

Al margen de toda esta peripecia de normativas e incumplimientos, la historia de los cementerios es también una historia de discrimaciones, trasladándose a este ámbito lo que en la misma sociedad ocurría.

Fue una tónica repetida durante siglos el trato especial que tuvieron los nobles y los religiosos para los enterramientos en iglesias, catedrales o conventos dentro de las poblaciones, aún incluso después de que se prohibiera. Posteriormente, cuando se construyen los cementerios fuera de las poblaciones, comienza inmediatamente la diferenciación en los modos de enterramientos, y así en 1859, y por presiones de las clases adineradas, se permite a los particulares (que pudieran) levantar panteones en los cementerios. No obstante, seguían existiendo cementerios privados, privilegio para muy pocos.

La construcción de cementerios para no católicos fue regulada por primera vez por la R.O. de 29 de abril de 1855, y durante décadas los cementerios civiles se convirtieron, sobre todo, en el medio rural, en lugares infames donde la moral del momento colocaba a los que ella misma deshauciaba.

En una Real Orden de 1861 se ordenaba que los párrocos debían tener las llaves de los cementerios y los ayuntamientos velar por el cumplimiento de las prescripciones legales. Posteriormente, en 1872, se determinaba que debía haber dos llaves: una estaría en poder de las autoridades municipales y la otra en manos del Párroco.

En 1884 se regula la existencia de Juntas encargadas del gobierno de los cementerios, y en años sucesivos los reglamentos que regulaban su régimen y gobierno, estando recogido el tipo de sepulturas por categorías. Se llegaba al extremo de tener que presentar para su aprobación los epitafios o alegorías a colocar sobre las sepulturas.

Es en 1924 cuando se regula de forma extensa todo lo relativo a cementerios, dando la exclusiva competencia a los Ayuntamientos, tanto para la construcción como para la prestación de servicios funerarios, legislación que ha ido completándose durante este siglo. Ya en 1925 se recoge la obligación municipal de enterrar a los pobres gratuitamente.

 

ENTERRAMIENTOS MÁS ANTIGUOS

" EN YUNCOS SE HAN ENCONTRADO DISTINTOS VESTIGIOS DE ENTERRAMIENTOS MUY ANTIGUOS, PERO EL MÁS ESTUDIADO HA SIDO EL LOCALIZADO EN LA CAÑADA DE LA MAGDALENA. SE TRATA DE UNA NECRÓPOLIS CON ENTERRAMIENTOS QUE SE SITÚAN ENTRE EL 2.500 Y 2.200 A. DE J.C., DE LA ETAPA CALCOLÍTICA, PERIODO INICIAL DE LA EDAD DEL BRONCE, Y QUE PERTENECÍA AL POBLADO SITUADO EN LAS LADERAS DEL ARROYO CARRIZO ".

Las tumbas encontradas eran oquedades excavadas en el suelo, de forma campaniforme y tapizadas de piedras. En su interior se colocaba al difunto rodeado de un pequeño ajuar compuesto por recipientes cerámicos que contenían elementos que pudieran serle útiles enel tránsito a la otra vida.

Siglos después, en la Alta Edad Media, la alquería de Palomequejo fue el núcleo habitado del término, situado en la misma zona que la necrópolis mencionada. La ermita de la Magdalena, lugar de culto y con pila bautismal, por las costumbres de la época debió ser el lugar de enterramiento de los cadáveres, tanto en su interior como en sus alrededores.

En el siglo XV, cuando la población se establece en el asentamiento actual, construyen inmediatamente en un lugar destacado, sobre un cerro, otro lugar de culto, lo que posteriormente, y tras varias ampliaciones, se convertiría en la iglesia parroquial de Yuncos. Los enterramientos desde un principio se realizaron en el interior de la iglesia o en sus alrededores. Solamente, cuando estallaba una grave epidemia, se sacaban los cadáveres fuera de la población y, aunque no se ha identificado el lugar, bien pudiera pensarse que se hiciera en los aldeaños de alguna de las ermitas existentes.

 

ENTERRAMIENTOS EN LA IGLESIA

Cementerio Yuncos " COMO YA SE HA APUNTADO, DURANTE CERCA DE CUATRO SIGLOS SE REALIZARON INHUMACIONES EN LA IGLESIA, Y DE ELLO HAN LLEGADO HASTA NOSOTROS NUMEROSOSO TESTIMONIOS ESCRITOS "

Los enterramientos se efectuaban, bien en el interior de la iglesia, en uno de los 15 tramos en que se dividía la nave, siendo más distinguidos, y más caros, cuanto más cerca del Altar Mayor estuvieran; o bien en el cementerio exterior de la iglesia, lugar reservado para los pobres. Los lugares preferentes eran la capilla de Solier (reservada para los fundadores y algunos familiares relevantes, como D. Pedro Alfonso Aguado, jerarca de Alfonso Aguado a principio del siglo XVIII), o bajo los diferentes altares laterales existentes en la nave de la iglesia.

El Cura Párroco llevaba un inventario de las sepulturas que se vendían, anotándose en el libro de Cuentas de la Parroquia de esta manera: 2.300 reales que han importado los derechos de 32 rompimientos de sepulturas mayores y menores que se han abierto en esta iglesia..." Y otro libro "... para extender las partidas de los que fallecen y su sepultura en la iglesia o en su cementerio".

En una partida de defunción del siglo XVIII se hace referencia a los tramos de sepulturas existentes en la iglesia: " En la villa de Yuncos, en cuatro de septiembre de mil setecientos y treinta y seis, falleció Isabel Díaz, natural y vecina de esta villa, viuda de Clemente Gallego, de nación gallego y vecino que fue de esta villa, habiendo recibido los santos sacramentos de Penitencia, Eucaristía y Extrama Unción. No hizo testamento. Sólo si parece que en presencia de D. Francisco Pantoja, Presbítero de esta villa y Teniente de Cura, mandó una parte de casa que tenía en la de Bartolomé Aguado, vecino de esta villa, y un solar en la calle Real, linde casa de Manuel González, en que se obligó dicho Bartolomé asistirla en su enfermedad, y a pagar derechos de Iglesia, rompiendo y a mandar decir por su alma ocho misas rezadas, limosna de 2 reales. No dejó hijos. Enterrose en el tramo cuarto de  esta iglesia, y pagó lo acostumbrado. Y lo firmo ut supra Don Pedro Hipólito Fernández Puyalón ".

Sobre el lugar donde deseaban ser enterrados en la iglesia quedan innumerables testimonios, de entre los que destacamos los siguientes: " que mi cuerpo sea enterrado en la sepultura que está debajo de la pila del agua bendita... que mi cuerpo le lleven a enterrar cuatro pobres de esta villa, los más pobres y los elijan mis albaceas, y que se le dé a cada uno cinco reales de limosna ". " Que nuestros difuntos cuerpos sean vestidos con el hábito de Ntro. padre Sr. San Francisco, y sepultados, el de mí, el dicho Miguel, en la sepultura propia que en la Iglesia parroquial de esta villa me pertenece, y está junto a la puerta de la Capilla Solier y su mujer... Y el de mí, la dicha Dña. Josefa, en la misma o en la bóveda que en dicha Iglesia está bajo el altar de San Ildefonso ". "... que sea sepultado en la Iglesia Parroquial de esta villa en la bóveda que está bajo del altar del señor San Ildefonso, a la que tengo derecho por mis abuelos maternos Juan Benito y Ana María Gutiérrez de Páramo. Y cuando por caso preciso que puede ocurrir allí no pueda ser, lo será si yo falleciese en tiempo de verano en la sepultura frente a la Puerta serrana que está más inmediata a la Pila del agua bendita, y si fuera en tiempo de invierno en la primera que está inmediata a la otra pila de la puerta principal".

Posteriormente hubo unas disposiciones eclesiáticas para limitar los enterramientos bajo los altares, como queda reflejado en el libro de visitas de la Parroquia, donde el 22 de noviembre de 1770 se dice: " Que por el Ritual Romano está prevenido que los cadáveres no sean sepultados cerca de los Altares. En cuia atención mando al cura de esta iglesia que no permita que sea alguno sepultado en la bóveda que está inmediata al altar de San Ildefonso, bajo él, y así lo cumpla, bajo la pena de 50 ducados. Y dicho cura hará que esta providencia se haga luego saber a los interesados en dicha bóveda, a fin de que usen el sitio como les convenga".

Aún así, se siguió enterrando en la iglesia debajo de los altares durante varias décadas más, desobedeciendo las órdenes de los superiores eclesiásticos como así lo demuestra el testimonio que dejó D. Gregorio José Rubio en su testamento, hecho en 1825: "... que llegada la hora de su muerte, su cadáver sea amortajado con el hábito de San Francisco y sepultado en la Iglesia de Yuncos, frente a la capilla, junto al altar de San Ildefonso..."

así pues, durante los cuatro siglos que se estuvo enterrando en la iglesia, la desigual situación económica de los hacendados con el pueblo llano se evidenció no sólo en el contenido de los testamentos, sino en la forma y trato a la hora de la muerte. Mientras la dote de un anónimo vecino no pasaba de unos cientos de reales, éstos se iban multiplicando según ascendía en la posición social. El testamento más importante realizado en Yuncos en todo el siglo XVIII fue el de D, Bartolomé Alfonso Aguado, que ascendía en el momento de su muerte a 739.477 reales. Y esto se corresponde con un lugar preferente en su enterramiento y con un importante legado en atenciones espirituales por su alma.

Sobre el cementerio exterior que estaba fuera de los muros de la iglesia, encontramos su ubicación en el Catastro de Ensenada al situar la casa de D. Bernardo: "... una casa en la calle que desde la plaza va a la iglesia, con cinco cuartos bajos. Confronta a Oriente con dicha calle, al sur con el cementerio de la Parroquia de esta villa, a Poniente con otra calle que desde la expresada calle va a la Iglesia, y al Norte con dicha Plaza".

Medía esta casa 85 x 41,5 varas, y se corresponde con toda la manzana situada actualmente entre la plaza y la iglesia. Así pues, el cementerio a que hace referencia se encontraba a la espalda de la sacristía, aunque en realidad hubo enterramientos a todo alrededor de la iglesia.

En otro testamento, el de D. Gregorio José Rubio, de 1820, se describe su casa cerca de la iglesia, lindando al Norte "... con la plazuela que está entre el cementerio, a cuia plazuela caen las puertas principales".

En las cuentas de la Parroquia de 1811 queda reflejado un pago de 239 reales a Pablo Rojas, Oficial de Albañilería, por una obra en este cementerio.

Muchos años después, el recuerdo de la existencia de este cementerio queda escrito en un acta municipal de 1943, donde se paga a José Aguilar Díaz 541 pesetas "... por ocho días de llevar tierra y carbonilla para las calles y el cementerio que está al lado de la iglesia..."

Los testamentos recogidos por los escribanos son una fuente inagotable de información de las costumbres llegada la hora de la muerte. Así, en el testamento de Gabriel López, pobre de solemnidad, se puede leer: " Gabriel López, vecino y natural de Yuncos, estando en la cama con la enfermedad que Dios ha sido servido darle, dijo y declaró... no tener bienes ni otros efectos algunos para poder hacer su testamento por hallarse gravado con censos y otras deudas a diferentes acreedores... por lo que pide y encarga a su mujer e hijo que en cuanto a dichas deudas den satisfacción de las que puedan...y que su cuerpo sea vestido con el hábito de Ntro. Sr. Padre S. Francisco, que debe darle la Cofradía  de Nstra. Sra. del Consuelo, de quien es hermano, y asistirle a su entierro como acostumbra. Y que se le dé sepultura en la Iglesia Parroquial de esta villa en la parte que sea menos costosa, y como a un pobre, haciendo por su alma el demás bien que puedan y les sea posible, esperando que así lo harán para descargo de su conciencia."

Este pobre vecino no pudo dejar dinero alguno para misas en su memoria, costumbre ésta muy común durante siglos: a mayor hacienda, mayor número de misas dejaban encargadas. En realidad, la mayoría de los pobres no testaba " por no tener de qué ".

En cambio, D. Bernardo Alfonso Aguado, hijo de D. Pedro, dejó en su testamento 624.502 reales, casas. tierras, alhajas de diamantes, oro, pata, esmeraldas, rubíes ..., y el encargo de más de 1.400 misas por su alma: " ... es mi voluntad que mi cuerpo sea vestido con el hábito de mi seráfico Padre san Francisco, y sepultado en la Iglesia Parroquial de esta villa, inmediato a la peana del altar de Ntra. Sra. del Rosario, hasta la parte del escaño... Que todo el año siguiente al día de mi fallecimiento se lleven sobre mi sepultura dos achas todos los días y los de fiesta de precepto cuatro... Que se manden celebrar por mi alma e intención mil misas rezadas de limosna de tres reales cada una... y otras doscientas misas rezadas por las ánimas de mis padres y hermanos, y otras doscientas misas por la de Doña Ana Rodríguez Pantoja, mi primera mujer, y todas estas de limosna de dos reales ...".

Las limosnas que se dejaban en los testamentos para obras pías eran de muy diversa índole: para pobres, culto, instituciones eclesiáticas... En el testamento de D. Francisco Rodríguez de Valcárcel y Pantoja, familiar del Santo Tribunal de la Inquisición de la ciudad de Toledo, hijo de D. Juan Rodríguez de Valcárcel y Pantoja y Dña. Ana de ancos se lee: " que es mi voluntad que la limosna de 200 rr.vv. que tengo ofrecida para ayuda del retablo que se está haciendo para el Altar Mayor de la Iglesia de esta villa, se den y paguen al punto".

De ahí que los vecinos con suficiente capacidad económica crearan memorias o Capellanías, que eran fundaciones en las cuales ciertos bienes que aportaba un particular quedaban sujetos al cumplimiento de una última voluntad, que solían ser misas u obras benéficas. A mediados del siglo XVIII había en Yuncos 7 Capellanías con un patrimonio de 127,75 fanegas de tierra. La más importante era la de Rodríguez Solier.

Las propiedades podían estar cargadas con memorias: "una misa cantada al año en la parroquia de esta villa, con limosna de 6 rr.vv. para hacer una fiesta a Ntra. Sra. de la Concepción..." Los bienes de la Capellanía que fundó Fco. Rguez. Solier tenían de cargas 3 aniversarios cantados, 208 misas rezadas al año, 60 rr. para la iglesia, 6 arrobas de aceite para la lámpara, 110 rr. para la limpieza de la iglesia, más otras pequeñas limosnas, velas y toques de campanas, que suman un total de 1.109 reales al año.

Referente a las costumbres a la hora del sepelio, era de aplicación la pragmática de 5 de Noviembre de 1723, mandada por Felipe V, y repetida en 1763, sobre ataúdes y ceremonial del entierro: "Mando que los atahúdes o caxas en que se llevaren a enterrar los difuntos  no sean de telas ni colores sobresalientes de seda, sino de bayeta, paño u olandilla negra, clavazón negra pavonada, y galón negro o morado, por ser sumamente impropio poner colores sobresalientes en el instrumento donde está el origen de la mayor tristeza... y que en las casas del duelo solamente se pueda enlutar el suelo del pésame, y poner cortinas negras, pero no se han de poder colgar de bayeta las paredes ".

Ya hemos visto como los difuntos se solían vestir con diferentes hábitos, que proporcionaban las diferentes cofradías existentes en el municipio y que asistían a sus cofrades a la hora de su muerte, siendo portados en andas de la Cofradía del Santísismo Sacramento se contabilizó en 1712 lo siguiente: " 125rr.vv. que costaron andas para llevar a enterrar así a los hermanos difuntos de esta Cofradía, como otros vecinos pobres de esta villa, en cuya cantidad entraron las cantoneras y varetas de hierro".

La parroquia también tenía unas andas propias: en 1778, "... pagó 115 reales importe de unas andas de pino nuevas, que se hicieron para los difuntos, hecha por Silvestre Martín, Maestro de Carpintero..." A principios del siglo siguiente, en 1802, se pagaron 275 reales al mismo carpintero por otras andas para los difuntos.

 

CONSTRUCCIÓN DEL CEMENTERIO EN LAS CANTERAS

" EL ESPACIO PARA ENTERRAMIENTOS EN LA IGLESIA SE FUE QUEDANDO PEQUEÑO LO QUE, UNIDO A LA PRESIÓN LEGISLATIVA, LLEVÓ A LA BÚSQUEDA DE UN LUGAR DONDE CONSTRUIR UN CEMENTERIO EN LAS AFUERAS DEL PUEBLO, TRÁMITES QUE SE INICIARON EN 1834 ENTE EL SR. GOBERNADOR CIVIL DE LA PROVINCIA. EL LUGAR ESCOGIDO PARA UBICARLO FUE EL PARAJE DE LAS CANTERAS, DONDE EL CONSISTORIO TENÍA UNAS FINCAS DE SU PROPIEDAD. EN UNA DE ELLAS SE CONSTRUYÓ EL CEMENTERIO Y OTRAS DOS SE VENDIERON PARA SUFRAGAR LAS OBRAS".

El 4 de febrero de 1835 el Ayuntamiento remitió los expedientes a la Diputación Provincial de Toledo: uno para la construcción del cementerio y otro para la subasta de fincas para financiarlo, trámite preceptivo para su autorización. Con fecha 15 de Marzo contestó la Diputación al Gobierno Civil: "... que entiende puede V.I. aprobar el remate de la obra del camposanto de Yuncos, rematada en 2.000 rr.vv. en Pablo Roxas; haciendo que se otorgue la competente obligación conocida, donde se verifique la enajenación de las fincas que tienen propuestas. Sobre el que dice la Contaduría puede devolverse al ayuntamiento para que se saque a pública subasta dichas fincas con arreglo a la Ley ..."

El 26 de marzo de ese año el Ayuntamiento de Yuncos remitió de nuevo los expedientes, con las diligencias de remate de las tierras. Y a primeros de abril informó de nuevo la Diputación: "... que estando hecha fiel y legalmente la subasta de las tierras para con su importe construir el cementerio, desde luego puede V.I. aprobarlo, sin perjuicio de que se admita la mejora del servicio dentro del término de la ley, otorgándose escritura a favor del comprador, a costa de éste, de la que se sacarán dos copias, una que se guardará en el Ayuntamiento y otra en la Contaduría; ingresando el importe de las enajenaciones en poder del mayordomo a propios, datándose y cargándose de él en sus cuentas, y el importe de los enterramientos o sepulturas. Para que así se verifique puede remitirse el expediente al Ayuntamiento si V.I. así lo manda".

por fin, en 1836, el Gobierno Civil aprobó los expedientes y pudieron realizarse las obras de construcción del cementerio.

Las tierras que se subastaron fueron dos fincas situadas en Las Canteras, de dos fanegas cada una, y el importe de las mismas alcanzó la cifra de 1.121 rr.vv., siendo el comprador D. Ruperto Gallego.

"En la villa de Yuncos a veinte y tres de Mayo de mil ochocientos treinta y seis, ante mi el Escribano de su número y a presencia de los testigos que se dirán, parecieron los Sres. Alejo Seseña, regidor de este Ayuntamiento y Presidente de la Jurisdicción de este pueblo, y Bruno Aguilar, Segundo Regidor de este Ayuntamiento y dijeron: que en los dos años anteriores se formalizaron dos expedientes por dicho ayuntamiento para la enajenación de cuatro fanegas de tierra sitas en este término y jurisdicción, en el sitio de las Canteras, correspondientes a los propios de esta villa, señaladas con los números once y doce, que lindan por Levante con la Cañadilla que va al Pradillo de la Magdalena; por Mediodía tierra de Santos Martín, de esta vecindad; por Poniente, con el camino Real de Toledo; y por el Norte con tierra de Ruperto Gallego, de este domicilio, cuyas cuatro fanegas de tierra se componene de dos suertes de a dos fanegas, para con su importe poder fabricar el cementerio o Campo santo, para el enterramiento de los cadáveres de este pueblo, y componene todo el edificio en que está la Sala Capitular del ayuntamiento de este Pueblo, su Pósito real y Carnicería de esta villa, por hallarse todo él muy deteriorado y expuesto a arruinarse enteramente".

Del dinero obtenido con esta venta se emplearon 2.000 reales en construir el cementerio y el resto en arreglar el edificio del ayuntamiento que estaba bastante deteriorado: " Habiéndose seguido dichos expedientes por los trámites legales y vendidas dichas tierras a D. Ruperto Gallego como mejor mejorante, en la cantidad de tres mil ciento veinte y un reales en esta forma: los un mil quinientos reales por la suerte númeron once y los mil seiscientos veinte y un reales restantes por la del número doce, con cuya cantidad en que remató las referidas dos tierras, se satisfacieron en esta forma: los dos mil reales a Pablo Rojas, Alarife y Maestro de este Pueblo por el total valor de la construcción del referido cementerio; y los un mil ciento veinte y un reales restantes se gastaron realmente y con efecto en componer con toda solidez el referido edificio de Ayuntamiento según que más por menor resulta de los dos expedientes instruidos por este Ayuntamiento en dichos dos años anteriores hasta ahora que fueron aprobados por el señor Gobernador Civil de esta Provincia habiendo oído antes a la Excma. Diputación Provincial de ella, cuyos dos expedientes existen en la secretaria del Ayunatmiento de esta villa ..." "... cuyos tres mil ciento veinte y un reales confiesan los señores otorgantes por sí y de nombre de esta villa como sus representantes los tiene satisfechos el comprador a los mayordomos de Propios Don Manuel Madrid Dávila y Don Pío Seseña, según se ve de  los recibos que obran en dichos expedientes..."

Este primrr cementerio municipal tenía una superficie de unos 64 estadales y forma cuadrangular, estando sus paredes hechas de tapial con un grosor de 50 cm, y la puerta de 1.50 mts de ancho, estaba orientada hacia el camino del Pradillo, mirando a la cercana villa de Azaña.

Hemos encontardo una partida de defunción en un testamento de 1856, en la que se alude ya la existencia de este cementerio: "... se dio sepultura eclesiástica en el cementerio general de esta misma villa al cadáver de Juliana Aguilar, natural y vecina de la misma, mujer de Anselmo López, y de edad de treinta y cinco años. Falleció al día anterior del cólera morbo..."

CUENTAS PARA LA REEDIFICACIÓN DEL CEMENTERIO. 18 DE NOVIEMBRE DE 1899

* 28 cargas de piedra....... 84 pts

* 45 cargas de cal .........112,5

* por los portes de 6 carros de piedra de Cabañas de la Sagra, ladrillos, tejas y arena ....89

* por ladrillos, tejas y arena .......172,5

* por el yeso gastado .......19

* por 4 escuadras, 5 pernios y puntas para la puerta ....3,25

* por el trabajo de mano ....420

total .................900,25

 

REFORMAS Y AMPLIACIONES DEL CEMENTERIO MUNICIPAL

En 1911, y debido a que el cementerio se estaba quedando pequeño, el Consistorio planteó ampliarlo en una extensión de 150 estadales: "... el objeto de esta sesión era ocuparse del ensanche del Cementerio Municipal de esta villa, pues el actual no reúne las condiciones de amplitud que, dado el aumento de población que ha tenido esta villa, se necesita. Puesto a duscusión se entabló un debate en donde terciaron todos los señores Concejales asistentes, acordándose por unanimidad que se ensanche por la parte de poniente al actual cementerio, en unas extensión como de ciento cincuenta estadales, para lo cual se nombra una comisión que presidirá el Concejal D. Julián López Madrid, para que se vea con el propietario de la finca colindante D. Aniceto Moreno, para tratar del importe de la parcela que ha de ser cementerio en el terreno particular, y si no hubiera arreglo, proceder a la declaración de utilidad pública y a la formación del expediente de expropiación forzosa".

El costo de esta ampliación se sufragaría con un canon impuesto a todos los propietarios de sepulturas. Sin embargo, las obras de cerramiento de esta ampliación no se realizaron hasta 1927, según consta en el Archivo Municipal de Yuncos: " que se proceda a la subasta por pliegos cerrados de la mano de obra de las nuevas paredes de ensanche del cementerio el día 4 de febrero y bajo el tipo de 7,50 pesetas el metro lineal de paredes..."

En 1913, se procedió a organizar el cementerio municipal para el mejor régimen del mismo, nombrándose una comisión compuesta por los Señores Concejales D. Miguel López, D. Jesús Péres y D. Celedonio López, encargados de elaborar un proyecto de Reglamento. Dicho reglamento fue aprobado once años después, el 23 de diciembre de 1924, siendo el Alcalde D. Manuel López Pérez. En él se contemplaba la existencia de un Concejal Delegado del Cementerio, que era el encargado directo del mismo, así como de su régimen económico, de tal manera que los gastos del cementerio debían costearse con los ingresos que generara la prestación del servicio funerario: enterramientos, sepulturas, obras, etc.

Los primeros Delegados del cementerio, nombraron a partir del recién estrenado Reglamento, fueron: D. Celedonio López Rojas 1930 a 1933), D. Manuel López Serrano (1933 a 1936), D. Alberto Yepes Alonso (1936), D. Francisco López Seseña (1936 a 1943).

En el primer tercio de este siglo el cargo de sepulturero se compaginaba con el de pregonero y servicio de policía urbana y rural. En 1927 se dotó esta plaza con un sueldo de 365 pesetas anuales, pagadas por trimestres vencidos de la recaudación de los fondos del cementerio. Ocupó este cargo en esa fecha D. Casimiro Seseña López. Este cargo, como tantos otros no escapaba a las voluntades políticas de la época y, de esta manera, en un acta municipal podemos leer: " El Señor Presidente les manifestó que había llegado a su conocimiento que el sepultero se había permitido decir cosas contra el Régimen, quedando destituido de diho cargo, quedando facultado el Delegado del cementerio, el gestor D. Francisco López Seseña, para la solución de este asunto".

En 1932 la Corporación Municipal acordó la construcción de un nuevo depósito de cadáveres y también: "... que se haga la alineación directa de las paredes del antiguo cementerio civil con las del otro cementerio, cogiendo todo el terreno que hay entre el cementerio y la nueva alineación que pertenece a la propiedad del Ayuntamiento".

La anterior referencia nos lleva de nuevo a tener presente la continua existencia de dos cementerios en Yuncos. En este caso ya no se trata, como en el siglo XVIII, del cementerio de "ricos" y el de "pobres", sino del cementerio católico y el civil, recintos ambos que quedaban englobados bajo el nombre de Cementerio Municipal, pero que estaban separados físicamente, y teniendo el civil cierto carácter vejatorio. Otras alusiones a estos dos cementerios la encontramos en las actas municipales de mediados de siglo: " que una vez examinadas las cuentas de ingresos y gastos del Cementerio Municipal, que lleva el Concejal delegado Don Félix Aguado López, de los años 1949 a 1953, ambos inclusive, fueron aprobadas, y que el superávit de 2.560 pesetas que resulta de las mismas se invierta en la construcción de las paredes del cementerio Civil, poniéndose una puerta en éste, entre las dos que existen del cementerio". " Que del terreno que hay dentro del cementerio católico, destinado a cementerio civil, quede reducido a la mitad, construyéndose las paredes divisorias que separen a ambos cementerios, poniéndose una puerta en la fachada Norte, o sea, entre las dos que hay en el cementerio católico".

De esta época existe un testimonio de los precios que tenían las sepulturas: " Se acuerda la midificación del art. 19 del reglamento del Cementerio Municipal, con referencia a la apertura de sepulturas que será en la forma siguiente: por la apertura en le terreno nuevo del cementerio se cobrarán 40 pesetas, y 25 pesetas las que hayan en la parte vieja".

Más adelante y dado el crecimiento que experimentó Yuncos en las décadas de los 60 y 70, en 1980 se llegó a una situación en las que apenas existían fosas disponibles en el cementerio, de ahí que la Corporación acordara ampliarlo sobre unos terrenos de su propiedad. Cinco años después, en 1985, se quiso comprar una porción de terreno del pinar, pero ICONA, titular del mismo, no accedió a la solicitud por lo que se compró una parcela enfrente del cementerio, propiedad de D. Alfonso y Dª Esperanza Gutiérrez Blázquez.

Esta parcela, de 7.250 m2, se adquirió al precio de 175 pesetas m2 y estaba situado al otro lado del Camino del Campo Santo, volviéndose de nuevo a la añeja situación de tener en el municipio dos cementerios: el cementerio viejo y el cementerio nuevo.

Pero la existencia de estos dos cementerios duró hasta 1998, año en que se unieron por fin en uno solo recinto, construyéndose una amplia portada, y una capilla. La concentración parcelaria de la zona Sur del término trajo consigo la aparición de un nuevo camino que rodeaba el " cementerio nuevo" y facilitó la unión de ambos cementerios.

Este concluyente acto en la historia del cementerio de Yuncos no será seguramente el último. Aunque en la actualidad se cuenta con uno de los cementerios más amplios de la comarca, el transcurso de los años venideros llevará a nuevas ampliaciones y transformaciones. La historia estará ahí para contarlo.